Ni palabra
A veces la ficción se parece demasiado a la realidad.
“Si me necesitas, ya sabes dónde estoy”, dice, adelantándose un paso y dándome un beso en la mejilla. Quiero estrecharla entre mis brazos y decirle que no se vaya, decirle que la quiero y que quiero que se quede para siempre.
Pero no digo palabra porque sencillamente no puedo; sencillamente no puedo. Antes de poder sacarme las palabras de la boca, ¡y tengo tantas ganas de decirlas!, las ranas criarían pelo. Es como si… como si fuera físicamente incapaz de hacerlo, tio.
Spud en Porno, la novela de Irvine Welsh.
