60 millones
El sistema de gestión e información para la atención sanitaria de la Junta de Andalucía, más conocido como el Diraya, no funciona y finalmente deciden sustituirlo.
«Será necesario cortar alguna cabeza y admitir que alguien se ha equivocado, por eso no se ha hecho antes». [···]
Ahora la Junta de Andalucía ha decidido cambiarlo. Su sustitución, en una primera etapa sólo en la atención primaria, figura entre las actuaciones importantes para el periodo 2009-2010, una vez que la tecnología en la que está desarrollado el Diraya ha quedado ya desfasada. [···]
La decisión ha resultado muy difícil, ya que la Junta de Andalucía, según la propia Consejería de Salud, ha invertido 60 millones de euros en desarrollar, implantar y mantener el programa informático y extenderlo por todo el sistema sanitario andaluz. Además, han organizado más de 550 cursos de formación para que más de 9.000 profesionales aprendan a usarlo.
El Diraya no logra buenos resultados y la Consejería de Salud decide sustituirlo.
60 millones de euros en todo el proceso de fabricación e implantación (ahora hablamos del mantenimiento) de un software es mucha mucha pasta, pero es discutible, incluso podemos decir eso de “puede ser”… ¿Pero que no funcione después de semejante pasta? Eso sí que no puede ser.

Cuando un organismo (sea público o privado) decide invertir 60 millones de euros (¿cuantos centros de salud se pueden construir con 60 millones de euros?) en la creación e implantación de un programa, uno se inmagina a un montón de ingenieros (no casi-ingenieros, sino ingenierxs con años de experiencia al más alto nivel) reunidos en conclave en un sitio parecido a la ONU decidiendo de forma seria sobre las mejores tecnologías para soportar el programa, los datos exactos del uso que se le va dar, entrevistando, uno a uno a todxs lxs médicxs de Andalucía, visitando hospitales, hablando con la gente que se va a beneficiar de él, ingenierxs, desarrolladorxs y técnicxs trabajando bien y ganando pasta… Vamos, lo que se dice trabajando en serio, pero lxs que trabajamos para el sector sabemos que no es así.
Sí, alguna cabeza debería caer, la de algún político y/o responsable del ente público, quienes firmaron esa licitación, y evidentemente vetar, sino de por vida, sí durante algunos -muchos- años a las empresas que han hecho posible tal desastre y el despilfarro de dinero que lo pagamos todxs.
Aunque el aporte tecnológico de Microsoft ha sido clave, la asesoría de Microsoft Services en la fase de implantación y extensión de Diraya ha sido igualmente importante. “Los comienzos de Diraya fueron difíciles debido a la complejidad del proyecto, no sólo por su volumen y criticidad sino también por los diferentes agentes que lo componen: desarrolladores, técnicos de sistemas y de hardware, etcétera”, asegura Llergo. Esta dificultad hizo que durante el despliegue de la solución aparecieran problemas de estabilidad y rendimiento que tuvieron una gran repercusión, puesto que afectaron al nivel de servicio. Fue en este momento cuando entró en acción Microsoft Services.
Los profesionales pueden acceder a la información clínica de un paciente desde cualquier centro de atención andaluz
Los consultores de este área definieron, junto al SAS y los socios del proyecto (Indra, Fujitsu y Accenture), tres líneas de actuación para responder a las necesidades presentes y futuras de Diraya. El objetivo era triple: resolver los problemas que habían surgido, evitar que se repitieran en el futuro y mejorar el uso de los productos y las tecnologías de Microsoft.
Diraya revoluciona la gestión sanitaria (ya te digo como…)
No, no voy a hacer la crítica fácil a Micro$oft; de lo leido se extrae que cuando esos tres socios se cagaron acudieron a “papá” Micro$soft a que les limpiaran la mierda que ellos mismos habían generado.
Todxs sabemos como funcionan este tipo de cosas, y lxs que trabajamos dentro de la administración pública lo vemos todos los días. Un ente público genera una oferta, varias empresas se asocian para no hacerse competencia e incurrir juntas en la licitación, ganan la oferta, se firma y… ¡a vivir que son cuatro días!. Subcontratamos algunas partes, contratamos a becarixs, buscamos a algún profe en alguna universidad que tenga un chiringuito privado y alumnxs deseosos de participar en una beca -para construir un programa de “última tecnología”-, cuando más o menos está aquello juntamos las partes, hacemos la implantación y… ¡no funciona!. No passssa nada, porque ahora viene lo mejor: Lo lógico sería que si tu compras algo y no funciona digas aquello de… “no funciona, deme algo que funcione”… ¡pues no!, y ahí está la magia, es que eso forma parte de las features del sistema, “es que usted tiene que contratar un servicio de mantenimiento para que veamos porqué no funciona”. Está claro que no funciona porque has hecho una mierda de programa, pero, con un par de comerciales mediocres y un responsable político que tiene prisa porque el tema se ponga en marcha y colgarse las medallas, se firma un contrato de mantenimiento para un programa entregado ¡¡qué no funciona!!.
Y la bola se hace más y más grande -falla más-, y las condiciones precarias de trabajo hace que el nivel de rotación de gente en el proyecto sea demasiado grande como para tener una garantía sobre el conocimiento que las personas que lo desarrollan tienen sobre el proyecto, y lxs gerentes de las grandes empresas se llenan los bolsillos y veranean en yates con lxs mismxs políticxs que han firmado esa licitación, y dan charlas y comidas para congratularse de los resultados del trimestre en la bolsa, y se financian los partidos políticos con parte de ese dinero… y por el otro lado, jóvenes recien licenciados, o ni eso, que no llegan a fin de mes, que tienen que compartir piso porque no se pueden alquilar uno propio, que salen a las tantas de trabajar, ciudadanxs que esperan colas en los centros de salud, profesionales de la medicina que tienen que echar más tiempo en realizar una receta que en ver al paciente, etc…
Y paro porque me enciendo y no puedo con estas cosas.
