Madrid me mata
Recordando a aquella campaña publicitaria de principio de los ochentas sobre Madrid debo decir que Madrid me mata. He tenido la ocasión de visitar de nuevo esa gran urbe, que al contrario que mis primeras dos visitas, ahora la veo tan lejana ya, tan apagada, tan agobiada que me agobia. Ya la plaza de Lavapies no es lo que era, ni tan siquiera el barrio desde que desalojaron el Laboratorio 03 [video], aunque sí pude visitar la redacción de Diagonal de la que tengo aquí en casa los impresos para suscribirme.
Nos alojamos en un hostal cerca de la plaza de Tirso de Molina, donde se úbica la histórica sede de la CNT regentado por un expelotari vasco de renombre lesionado de rodilla en sus tiempos mozos y donde ahora se debate también con la otra rodilla, donde ya no visita a los antiguos compañeros y donde dejó hace tiempo de darle a la pelota, pero rodeado de antiguos recuerdos y fotos de lo que fue y de su tierra.
Pasamos una mañana en El Retiro, un falso espejismo en forma de parque en el centro de Madrid, donde hasta las aves y los peces sufren de ansiedad y están tan domesticados que hasta algunos gorriones se atrevieron a comer de mi mano.
Armado con mi nueva Freerunner nos dejamos llevar por las calles de Madrid, hasta algunos rincones deliciosos, como aquella pizzería argentina llamada Pizza libre, pero posibles de encontrar en otras ciudades. Y es que en Madrid hay muchos rincones que ver; Lavapiés, el barrio de La Latina, Chueca, etc… Pero no soy un urbanita, para verlo una vez quizás esté bien, pero no me llegan a impresionar, quizás porque tampoco es la primera vez.
Madrid sigue siendo una ciudad que no está hecha para las personas, sino para otros entes que poco tiene que ver con lo humano. Madrid es una ciudad deshumanizada, donde la gente anda mirando al infinito y cuando te golpean no te piden ni perdón. Donde las sonrisas parecen ser falsas, y donde el trabajo parece ser lo único que hay que hacer. Algunxs dirán que no conozco Madrid, y puede que tengan razón, pero va a tardar mucho, quizás algun que otro año, para que yo vuelva a pisar esa ciudad desde donde se mira al resto del estado con desprecio y por encima del hombro, para mí hay otros sitios que descubrir más bellos, humanos y baratos. Tengo mucha gente en Madrid, pero ahora si quieren verme, tendrán que venir.
Cuando la muerte venga a visitarme,
que me lleven al sur donde nací,
aquí no queda sitio para nadie,
pongamos que hablo de Madrid.
Primer versión de pongamos que hablo de Madrid – Joaquín Sabina
