Instantes
Se quedó helada después de darle esa hostia que tanto sentía que se merecía por haberle engañado. Se sintió satisfecha y dolida a la vez, calmada y confusa. Quería haberle dicho mil cosas pero lo único que le salió fue darle esa torta que tanto y tanto se merecía por haberle tratado cómo una mierda durante tanto tiempo. Fue quizás lo primero que hacía por su cuenta en mucho tiempo y sintió, casi al instante, que fuese un brote violento en lugar de algo sincero de lo que pensaba mediante palabras. Al menos, pensaba, sincera había sido con aquello, pero no tenía ningún motivo para ser sincera ya que él no lo había sido con ella, aunque sabía que aquello sólo era una repulsa al pensamiento instantáneo de que se había equivocado. Necesitaba patalear, correr, hacer lo que fuera para largarse de allí y soltar ese odio que ahora sentía por ella misma, pero irremediablemente lo único que le salió fue llorar, llorar de pena y de odio a la vez.
Él le hubiese abrazado con todas sus fuerzas, le habría pedido perdón, odiaba verla llorar, pero se dijo a sí mismo que no, que ya bastaba de seguirle el juego, de ir allí donde ella quería que fuese. Ahora ya no marcharía atrás, y aunque iba a arrepentirse ésta vez no le haría ningún caso. No volvería la vista atrás, aunque dentro de unos meses todo lo malo se hubiera evaporado cómo siempre se evapora, pero no podía dejarse vencer. Sentiría la culpa siempre entre sus huesos, y aun si durante éste tiempo estuviera con otra persona sólo vería en ella la cara triste de la persona que ahora le enfrentaba. Sentía que las palabras iban a salirle de la boca eran la verdad, su verdad, esos años atrapado en sus brazos haciendo sólo lo que ella quería que hiciese, pero las retuvo y no dijo nada. Cogió sus cosas y volvió a su cueva, al menos, en ella nadie podría arrebatarle el sentimiento de que algo nuevo iba a suceder y que la juventud no había pasado, éstaba, de nuevo, por llegar.